Pese a que todos los análisis señalan el inminente final del carbón para la generación eléctrica en Europa, la realidad es que a día de hoy todavía produce el 20% de la electricidad y el 65% de las emisiones del sector eléctrico de la UE siendo Alemania, Polonia y la República Checa los principales centros de consumo de carbón. Pero incluso con los precios del carbón de la UE en máximos desde su creación hace cinco años, es poco probable que se reduzcan a corto plazo esas emisiones de dióxido de carbono.

Entonces, ¿qué opciones hay? según el Instituto de Investigación Ambiental del University College Cork, solo sería posible expulsar las centrales térmicas del mix europeo cuando los precios del sistema de comercio de emisiones se duplicaran, según publica el portalEnergypost.com

Y es que el carbón sigue siendo barato, pese a que se ha encarecido y mucho en esos meses de atrás. Por ejemplo, en octubre pasado los precios de esta materia prima en Europa alcanzaron un máximo de los últimos cinco años, 100 dólares por tonelada, entre otras razones porque está siendo ampliamente demandado en China, debido a la menor producción nacional y a la escasez de existencias después de un verano caluroso.

Y aunque debería haber sido una buena noticia para las emisiones de CO2 en Europa, no lo es tanto porque también hay un alza de los precios del gas. Así que, a corto plazo hay pocas razones para celebrar nada.

Una unidad de electricidad generada a partir de carbón puede producir hasta tres veces más CO2 que una generada a partir de gas natural. El gas natural tiene menos impacto en la calidad del aire y se integra bien con la energía eólica y solar, y probablemente se use menos el carbón caro para generar electricidad si continúa aumentando el precio del carbono en el Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (EU ETS), aunque no será suficiente para matar este negro mineral.

La razón es que los precios del gas también han aumentado significativamente, y esto afecta el orden de mérito o la clasificación económica de las centrales eléctricas que se utilizan para generar electricidad. El portal Energypost pone como ejemplo de orden de mérito una pila de monedas con las monedas más caras en la parte superior y las más baratas en la parte inferior. Para que el carbón esté “fuera de mérito”, tiene que estar en la cima o muy cerca de ella.

Los precios más altos del CO2 ayudan a que el precio del carbón también suba pero también afecta el gas, así que lo importante es conocer cuál es el diferencial de precios entre el gas y el carbón, porque es ahí dónde experimentará un mayor impacto. Para un diferencial de precios de gas y carbón creciente, se requiere un precio de carbono más alto para hacer que la electricidad del gas sea más barata que la del carbón.

Por ejemplo, en el caso de que el carbón se cotizara a 3 euros por gigajulio, el gas natural se cotizara a 9 euros por gigajulio, y el precio del CO2 en el mercado ETS a 22 euros por tonelada, significa que hay que sumar 2 euros por gigajulio al carbón y 1 euros por gigajulio a los precios del combustible. Esto supone que una unidad de electricidad (1 MWh) producida a partir de gas costaría 73 euros, mientras que la misma unidad de electricidad a partir de carbón es más barata, a 60 euros.

A estos precios, se requiere una duplicación del precio del carbono en el EU ETS de 22 euros por tonelada a 44 euros por tonelada para hacer que la electricidad de carbón sea más costosa que el gas y que el carbón salga del mix.

Los precios más altos de los combustibles fósiles son buenos para la financiación de fuentes renovables como la solar y la eólica porque las fuentes renovables son relativamente más baratas. Estas son buenas noticias, pero a corto plazo la mejor reducción de las emisiones puede lograrse reduciendo la contribución del carbón a la combinación de electricidad.

Es el caso de Austria, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Finlandia, Portugal, Suecia, Irlanda y Reino Unido que han anunciado recientemente la eliminación de toda la capacidad térmica dentro de la próxima década, mientras que en Bélgica ya cerró su última central alimentada con carbón en 2016. Unas decisiones que, en algunos países, chocan con la realidad, pues al mismo tiempo, se está construyendo o se espera construir nueva capacidad térmica hasta sumar los 6,7 GW entre Polonia, Alemania, Grecia y Croacia, y que podría entrar en funcionamiento en 2025.

Queda por verse cuánto de esto se construirá finalmente. Sobre la base de los precios actuales y el panorama político, es difícil prever una perspectiva positiva para el carbón en Europa. Pero incluso si la perspectiva a largo plazo para el carbón sigue siendo tenue, su actual alza en el precio aún no es motivo de celebración.

Fuente: elperiodicodelaenergia.com